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1 de diciembre de 2022

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Torre a peón...

16/04/2003

Para dirigir un reflejo podemos utilizar muchos objetos: un cristal, un pedazo de metal... o un espejo. El espejo terciario del Gran Telescopio CANARIAS (GTC) es un efectivo “chivato” que puede reenviar la luz que recibe del espejo secundario a seis focos distintos y, por tanto, a seis instrumentos diferentes.

Para poder cumplir con su misión cuenta con un fornido guardaespaldas que lo protege y le facilita su trabajo: el espejo terciario del GTC vive, como Rapunzel, oculto en una torre de la que no puede salir y que es, al mismo tiempo, su aliada: gracias a ella puede girar en todas direcciones.

Pero hay algo más: este espejo terciario a veces debe ceder, apartarse y dejar que la luz pase de largo para llegar al foco Cassegrain, situado justo debajo de la torre del terciario (ver animación). Este último movimiento, como si de una técnica de ajedrez se tratase, deja en tablas al espejo terciario y al secundario: todos ganan... ¿Quiere verlo?

Solucionando problemas

La luz debe hacer un recorrido muy preciso una vez que ha sido reflejada por el espejo primario y el secundario. Por ello existe un espejo terciario que “irrumpe” en el camino de la luz y la redirige a los focos Cassegrain acodados y Nasmyth.

Pero el diseño del espejo terciario planteó, en su momento, dos problemas:

Primero, si utilizamos el foco Cassegrain, la luz debe llegar directamente del espejo secundario, por lo que el espejo terciario en este caso supondría un obstáculo entre ambos. ¿Cómo hacer que llegue el haz de luz desde el espejo secundario directamente al foco Cassegrain si en medio se encuentra el espejo terciario? Menudo estorbo...

Y segundo, si necesitamos redirigir la luz que llega del espejo secundario a los focos Cassegrain acodados y los focos Nasmyth (ubicados en los laterales del telescopio), es necesario utilizar un espejo terciario. ¡Sin él no podemos ver nada!... ¿Qué hacer?

Algunos telescopios utilizan un terciario que se instala y desinstala según las necesidades. Eso exige una inversión en tiempo y esfuerzo que, además, implica un riesgo para el espejo. Para evitar tener que andar quitando y poniendo el espejo terciario, el GTC ha adoptado un diseño que aporta la solución: un espejo con basculación automática que se desliza por unas guías y que se “aparca”, un terciario dotado de “ascensor” exclusivo. Para girar, la torre, una estructura de 1,8 metros de diámetro y 7 metros de altura, se mueve girando sobre su base y dirige el espejo hacia el foco elegido.

Natalia R. Zelman

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